Pasaron tres días. Tres días en los que Mikael apenas salió de la habitación, dirigiendo la manada desde el dormitorio mientras vigilaba cada respiración de Elena.
Elena, aburrida y dolorida, pidió que le trajeran su portátil. Mikael accedió a regañadientes, solo porque así ella se quedaba quieta en la cama.
—Necesito hacer algo, Mikael. Mi cerebro se va a atrofiar —le dijo.
Elena abrió su sistema. Tenía una tarea pendiente. Antes de que se llevaran a Ingrid, los guardias habían recuperado la m