Capítulo: Una elección desesperada.
Anahí se acercó a él con pasos temblorosos, pero decididos.
Sus ojos estaban anegados en lágrimas, pero su rostro no mostraba debilidad, sino una mezcla peligrosa de tristeza contenida y orgullo herido.
El portón de la mansión se abrió con un crujido metálico, y por un instante, Alfonso creyó que aún había algo de piedad en su corazón, una puerta entreabierta hacia la redención.
—¡Escúchame, Anahí! —suplicó él, dando un paso al frente.
—Habla —respondió ella con voz firme, sin apartar la vista—.