Al día siguiente, la mañana trajo consigo un aire distinto. Había algo denso, algo que dolía incluso sin nombrarse.
Bruno llegó temprano. Tocó la puerta con decisión, y cuando Anahí salió a recibirlo, se quedó mirándola en silencio. Ella lo observó por un largo instante. Sus ojos estaban apagados, sin el brillo de otras veces. Aun así, asintió con suavidad, como si esa decisión no naciera del corazón, sino del cansancio.
—Voy a casarme contigo este fin de semana, Bruno —dijo al fin, con voz firm