Anahí estaba destrozada, llegaron hasta el colegio de Freddy, pero los pensamientos de Anahí estaban embrujados de rencor y dolor.
Su mirada se perdía entre los espacios vacíos del jardín mientras las lágrimas se deslizaban silenciosamente por su rostro.
Bruno la observaba desde unos pasos atrás, con los brazos cruzados y una sonrisa apenas perceptible en sus labios.
No era una sonrisa amable. Era la mueca retorcida de quien se siente triunfador en medio del dolor ajeno.
Él sabía cuánto le dolí