Hermes salió de la mansión como un rayo.
No se detuvo a decir palabra. Subió al auto y condujo directo al hospital San Luis. No entendía del todo qué estaba sintiendo, pero un nudo en el pecho y una urgencia en el alma lo empujaban como nunca.
Al salir de la propiedad, se cruzó con Alondra. Ella intentó hablarle, pero solo alcanzó a verlo alejarse con expresión desencajada.
Algo en su interior se revolvió.
—¿Adónde va así? —murmuró con inquietud, y sin pensarlo más, lo siguió.
Mientras lo alcanz