Tres años después.
Darina despertó antes del amanecer, como cada día, con el corazón agitado, un nudo constante en el pecho que no lograba disolver.
El aire frío de la mañana se colaba por las rendijas de la ventana, pero ya estaba acostumbrada.
En silencio, se incorporó, mirando con ternura, la camita improvisada donde dormían sus tres tesoros.
Cada uno envuelto en sus sueños, ajeno a los miedos que ella llevaba consigo, los mismos miedos que la mantenían despierta cada noche.
Se movió con cuid