Hermes salió del departamento con el ceño fruncido y el corazón palpitante.
Tenía que ir a la mansión. Había algo que necesitaba enfrentar. Algo que había estado postergando por demasiado tiempo.
Al llegar, cruzó los pasillos silenciosos con pasos firmes, pero al abrir la pesada puerta del sótano, lo que encontró lo detuvo en seco.
Alondra estaba en el suelo, temblando como un animal herido.
Tenía la mirada perdida, los labios resecos y los cabellos pegados al rostro por el sudor.
Apenas lo vi