Azul llegó a casa tambaleándose, con el rostro empapado en lágrimas, el alma hecha pedazos y el corazón en ruinas.
Llegó a su habitación, no se quitó el vestido de novia.
Apenas cruzó la puerta, sus piernas no resistieron más. Cayó de rodillas y, sin decir una palabra, se arrastró hasta su habitación, cerrando la puerta de un portazo detrás de sí.
Anahí y Rossyn, descompuestas por la escena que habían presenciado en la iglesia, la siguieron sin atreverse a decir mucho.
La encontraron hecha un ov