Capítulo: Luchar por un amor que no te pertenece.
—¡¿Qué dices?! ¿Es una broma, Hernán? —exclamó Azul, con los ojos abiertos como platos, la voz temblorosa, y el corazón en la garganta.
El salón, que segundos antes estaba colmado de murmullos felices, de música suave y copas entrechocando, quedó en un silencio espeso y cargado.
Hernán bajó la mirada. Sus ojos, húmedos y tensos, se desviaron de los de Azul. Tragó saliva como si el aire se le hubiera hecho piedra en la garganta. Tomó aliento. Negó con la cabeza con una lentitud que le destrozó a