—¡Eso no es cierto! —gritó Rossyn, con la voz desgarrada, temblando desde el alma.
El silencio en la iglesia era tan pesado que parecía que todos contuvieran el aliento. Su corazón latía con fuerza, como si fuera a salirse del pecho. No podía creerlo. No podía comprender cómo alguien podía acusarla de algo tan vil… y justo hoy.
Los hermanos Hang, con el rostro endurecido por la indignación, se adelantaron sin dudar y sacaron de inmediato al hombre que había irrumpido la ceremonia con aquellas ac