Demetrio observó desde la distancia cómo Melody y Enzo conversaban en la terraza de la cafetería.
Su corazón latía con fuerza, y una sensación de temor se apoderó de él. No podía permitir que esta situación se descontrolara.
Sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia ellos, decidido a enfrentar lo que temía que fuera lo peor. La tensión en el aire era palpable, como si las nubes de una tormenta inminente se acumularan sobre sus cabezas.
—¡Mi amor! —dijo Melody, su voz llena de ansiedad—. No estoy