Enzo llevó a Fernanda a su apartamento, sintiendo un profundo dolor al verla tan triste.
La tristeza en sus ojos era como un peso que le oprimía el pecho. Sabía qué había pasado por momentos difíciles, pero no podía imaginar la magnitud de su sufrimiento.
Con delicadeza, la recostó en su cama, como si estuviera tratando de protegerla de la crueldad del mundo exterior.
Después, salió de la habitación, dejando que el silencio se asentara entre ellos.
“Me duele verla así, no merece esto”, pensó, mi