Sienna salió del salón con pasos firmes, casi frenéticos, como si el suelo ardiera bajo sus pies.
No quería mirar atrás.
No soportaba la idea de ver nuevamente los rostros que más detestaba en ese momento: Gustavo, con su cinismo venenoso, recordarlo coludido con Tessa le hizo sentir una rabia, un asco rotundo.
La sola imagen de ellos dos juntos le revolvía el estómago. Sentía que el aire dentro de ese lugar se había vuelto irrespirable, como si cada aliento que tomaba estuviera contaminado por