La gente estaba sorprendida, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel salón cargado de murmullos y respiraciones contenidas.
Todos habían escuchado las palabras de Sienna, pero fue en el rostro de Gustavo donde el espectáculo se volvió casi insoportable.
Sus facciones pasaron por todas las etapas posibles: primero una mueca de sorpresa e incredulidad, los labios entreabiertos como si aún buscara negar lo evidente.
Luego, el color se le esfumó del rostro, quedando pálido como un muerto, dud