—¡Tú! —exclamó Nelly con un hilo de voz que apenas pudo salir de su garganta.
El tiempo pareció detenerse, el aire en la mansión se volvió pesado, como si cada molécula supiera que algo estaba a punto de estallar.
Ethan giró apenas el rostro, su mirada de acero se clavó en la de ella. No había un atisbo de sorpresa, ni de reconocimiento, solo una indiferencia glacial que la atravesó como un cuchillo helado.
—¿Se conocen? —preguntó Melody, inocente, sin advertir la tensión invisible que palpitaba