Melody se levantó lentamente, como si cada movimiento suyo arrastrara una marea invisible que estremecía a todos los presentes.
Lo miró con una mezcla de nerviosismo y frialdad contenida.
Sus ojos se encontraron con los de Demetrio, y por un instante, el tiempo pareció quebrarse en mil pedazos.
El corazón del hombre dio un vuelco. Esa mirada, la misma que años atrás había sido refugio, ahora le resultaba distante, enigmática, como si estuviera frente a una desconocida.
Su respiración se hizo más