En la mansión Dalton…
Sienna recorría los pasillos con paso apurado, el corazón acelerado y la voz temblorosa mientras llamaba a su hija.
—Melody… ¿Dónde estás, cielo?
La voz de su hija no respondía, pero unos murmullos infantiles la guiaron.
Al girar en un pasillo lateral, los vio. Allí, entre alfombras de terciopelo y cuadros antiguos, Melody sostenía a su viejo oso de peluche: el desgastado y querido Señor Pink. Era un peluche pardo al que ella misma le había atado una bufanda rosa, diciendo