Comenzó a arañarle el rostro con uñas temblorosas, desesperadas, pero cargadas de rabia.
—¡Traidora! ¡Eres una traidora! ¡Mi hermana! ¡Tú! ¡Maldita seas! —gritaba mientras las manos de ambos lados intentaban separarlas.
—¡Señora, cálmese, por favor! —le gritó un agente de seguridad, logrando al fin contenerla.
Tessa salió del lugar con el rostro marcado por los arañazos,
Sienna cayó de rodillas al suelo, jadeante. Sus manos temblaban como si se hubiera roto por dentro.
Las lágrimas le corrían s