El corazón de Nelly latía con un golpe seco en el pecho; cada pulsación le recordaba las palabras que aún resonaban, afiladas como cuchillos, esas que Ethan dijo sobre quitarle a su hijo por ser una mujer que él odiaba.
—¡No es tu hijo! ¡No lo es!
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, intentando ordenar los pedazos de su alma.
Quería explicarlo; quería gritar que esa mentira había sido su escudo en un tiempo de miedo. En vez de eso, respiró hondo y dijo con voz fría como si quisiera pr