—¡Mami, mami…! —la vocecita de Eric resonó como un latigazo en el pecho de Nelly.
Ethan sostenía al pequeño entre sus brazos, mirándolo con una mezcla de desconcierto y una emoción que lo quemaba por dentro.
El niño, con ojos tan grandes y brillantes como estrellas, pataleaba con fuerza, agitándose desesperado.
—¡Suelta, suelta! —gritaba con lágrimas en las pestañas—. ¡Eric es de mami! ¡Eric quiere a mami!
El pequeño abría sus manitas temblorosas, estirándolas hacia su madre, como si de ese gest