Alexis se quedó boquiabierto, como si las palabras que había escuchado fueran demasiado pesadas para procesarlas en ese instante.
Su mirada se clavó en Sienna, con un brillo de furia y de incredulidad. Su respiración se volvió pesada, su pecho subía y bajaba con violencia.
—No puede echarnos así… —su voz se quebró, aunque intentó mantener la firmeza—. Primero, porque tengo en mis manos una invitación oficial para postularme como proveedor. Y después… porque usted deshonró a mi hermana. ¡Y tendrá