Orla rompió en llanto, un llanto desgarrador que parecía brotar desde lo más profundo de su alma.
Sus sollozos eran como cuchillos atravesando el silencio de aquella habitación.
Félix, con el corazón hecho pedazos al verla así, la abrazó con todas sus fuerzas, como si en ese gesto pudiera protegerla del mundo entero, como si al apretarla contra su pecho pudiera borrar lo ocurrido.
Ella temblaba, su cuerpo era un mar de espasmos y miedo.
—No me toques… —sollozó con voz rota, apartando un poco su