Sienna sintió que el mundo entero se derrumbaba a su alrededor.
Un terror profundo, absoluto, se apoderó de cada fibra de su ser.
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, calientes y persistentes, mientras su corazón latía con fuerza, golpeando contra su pecho como si quisiera escapar.
—¡No puede ser! —susurró entre sollozos, con la voz quebrada, apenas audible—. ¡Nuestro bebé…!
Alexis, desesperado por calmarla, la abrazó con fuerza.
Su propio corazón latía al ritmo de los sollozos de Si