Al llegar al hotel Monterrosa, la pareja fue conducida a una de las suites más exclusivas.
El lugar imponía con su elegancia: pisos de mármol pulido, lámparas de cristal que arrojaban destellos dorados y un aroma a jazmín mezclado con madera fina que parecía envolverlo todo.
En el centro de la habitación, una imponente cama King size con sábanas blancas y suaves se alzaba como un trono destinado a dos cuerpos condenados a encontrarse, aunque uno de ellos aún lo dudaba.
Orla, apenas cruzó la puer