—¡Demetrio! ¿Qué estás haciendo? —exclamó ella, la voz rota por una mezcla de reproche y pánico.
Él la miró con una sonrisa lenta, como si sostuviera una verdad a punto de estallar.
Sus ojos brillaron con una determinación que la desarmó.
—Lo que debí hacer desde hace tiempo —respondió—. Entenderás que te amo. Que eres mi amor, que eres mi vida.
Aceleró el paso con la seguridad de quien ya no teme las consecuencias.
Ella se quedó inmóvil unos segundos; por fuera fingió frustración, palabras dura