Demetrio apretó el volante con fuerza mientras la carretera se deslizaba bajo las llantas. El viento golpeaba los cristales, la tensión se respiraba en el aire, y Melody apenas podía contener el temblor en sus manos.
Su mente gritaba que debía escapar, que no debía permitirle llevarla, pero su cuerpo estaba paralizado por la mezcla de miedo y desconcierto.
Cuando al fin llegaron al muelle, Demetrio no dudó ni un segundo. Con maniobras rápidas, metió el auto al ferry que esperaba listo para zarpa