Tarah se encontraba en el hospital, no quería estar ahí, se sentía asfixiada y muy asustada, pero no podía irse.
La luz fría y artificial iluminaba las paredes blanquecinas, creando una atmósfera que le resultaba una tortura cruel.
Deseaba salir de allí, pero la presencia de su padre a su lado la mantenía atrapada en una pesadilla que parecía no tener fin.
La angustia se reflejaba en su rostro, mientras sus pensamientos seguían hacia su embarazo, apenas llegó a casa, no pudo ocultarlo, y cuando