—¡Jeremías!
Tarah corrió a sus brazos, como si él la entendiera, como si fuera su único héroe en el mundo, su salvador.
En ese momento, todo lo que había pasado se desvaneció, y solo existía esa conexión que las circunstancias habían forjado entre ellos.
Pero, en cambio, Jeremías la alejó, tomándola con fuerza de los hombros, como si temiera que su cercanía pudiera desatar un torrente de emociones que no sabía cómo manejar.
—¿Estás embarazada?
El miedo se apoderó de Tarah.
Vio algo en sus ojos,