—¡No, claro que no! —Tarah exclamó con rapidez, su voz aún débil y temblorosa, como si cada palabra le costara un gran esfuerzo.
Melody y Nelly se miraron entre sí, y enseguida rieron con complicidad.
—Solo bromeamos, Tarah —dijo Melody, intentando restarle peso a la tensión que había quedado en el aire.
—Sí, solo una broma —añadió Nelly, sonriendo.
Tarah tragó saliva, intentó componer su gesto y se obligó a sonreír también, aunque en el fondo estaba deshecha.
—Es solo que… no quiero tener resac