Dos meses después
El amanecer apenas teñía la habitación con un resplandor tenue cuando Sienna abrió lentamente los ojos.
Una semana la separaba del día previsto para traer a su hijo al mundo.
Acariciaba con ternura su vientre redondeado, aquel refugio sagrado donde por meses había latido una vida que cambió la suya para siempre. Sonrió suavemente, aunque el cansancio se notaba en su rostro.
Su esposo dormía a su lado, respirando con calma, sin saber que el destino estaba a punto de sacudirlos.