Nelly lo miró, clavando los ojos en él como si pudiera atravesarlo con su mirada, aunque sabía que nada de eso funcionaría.
Su corazón palpitaba con fuerza, con un ritmo errático que amenazaba con desbordarse de su pecho.
Cada músculo de su cuerpo se tensaba ante la mezcla de miedo y rabia que la recorría.
—¿Te gusta verme acabada? —preguntó, con la voz apenas contenida, temblando entre la indignación y la desesperación.
Él sonrió, esa sonrisa que siempre la había irritado y fascinado a la vez,