Al día siguiente, Melody decidió quedarse con Nelly toda la noche.
No podía dejar sola a su prima, después de todo lo que había pasado.
El hospital estaba silencioso, iluminada solo por la luz tenue de la lámpara en la cama, mientras el mundo exterior seguía su curso ajeno a la tormenta que aún ardía en el corazón de Nelly.
Melody se acercó a la cama donde dormía Eric, su pequeño sobrino, y lo contempló con ojos llenos de ternura.
—¡Es tan hermoso! —exclamó, con una sonrisa que iluminaba su ros