Ethan se acercó lentamente, con esa firmeza implacable que lo caracterizaba, como si todo en él gritara posesión.
Sus ojos, oscuros y encendidos, buscaron los de Nelly, quien desvió la mirada con desesperación, tratando de aferrarse a un hilo de dignidad.
Intentó besarla, ella desvió el rostro.
Él tomó su rostro entre sus manos grandes, la sostuvo con fuerza, impidiéndole escapar, inclinándose hasta sentir su aliento chocar con el suyo.
—Pagué por tus besos también —susurró con crudeza, como una