—¡¿Usted?! —exclamó Tessa, con la voz quebrada, temblando, mientras sus manos se aferraban a la solapa de su chaqueta, como si de eso dependiera su vida—. ¡Por favor, no…!
Él soltó una carcajada profunda, oscura, que resonó en el estrecho pasillo y se le clavó como un cuchillo en la piel.
—Entonces resulta que usted está detrás de todo esto —dijo, sus ojos relampagueando con una mezcla de burla y amenaza—. La tierna señorita Molina, madre soltera, viuda y débil, con su hijita enferma… tratando d