Sienna sostenía a Melody con un brazo firme, pero tierno, como si su sola presencia pudiera protegerla de todo mal. Ella estaba durmiendo en sus brazos.
A su lado, Félix caminaba en silencio, atento a cada paso, como una sombra que estaba dispuesta a enfrentarse a cualquiera que osara acercarse.
Iban a marcharse de aquel lugar, cuando una figura robusta, de porte altivo y mirada cargada de veneno, se interpuso en su camino.
—¡¿Qué demonios haces aquí, pequeña zorra?! —escupió el hombre, su voz g