—¡La boda… se cancela!
La frase cayó en la iglesia como un trueno que partiera el cristal.
Todos se callaron, las conversaciones murieron en seco y por unos segundos nadie supo respirar.
Melody salió de allí como un huracán contenido: pasos largos, el velo aun ondeando a su espalda, el vestido blanco pegado al cuerpo por la tensión y las lágrimas.
Sus padres la siguieron a pasos precipitados, con las voces en la garganta; apenas alcanzaron la puerta de salida cuando Sienna se lanzó a su lado y l