29. La Superluna y su General
Elara, aún con el corazón acelerado, no se lo piensa dos veces. Con rapidez, toma a Goldeye en brazos, lo aprieta contra su pecho y cruza la habitación con pasos apresurados, abre la puerta de cristal que da al balcón y lo deja en una esquina, donde Badru no pueda verlo desde el interior. Goldeye, lejos de resistirse, se acomoda entre las macetas, lamiéndose las patas con la calma de quien desconoce el peligro que acaba de sortear.
Elara se asegura de cerrar la puerta del balcón y pasar la lla