28. Ojos de SuperLuna
Las sirvientas no se quedan mucho tiempo en la habitación de Elara. Apenas prometen regresar enseguida con su desayuno y prácticamente huyen, lanzando una última mirada hostil al gato, como si se contuvieran de hacerle algo que sus manos claman por ejecutar.
Elara se sienta en el borde de la cama, acomodándose con cuidado mientras sostiene al felino entre sus manos. Lo deposita con ternura sobre su regazo, permitiendo que se estire y se acomode, confiado, como si aquel lugar le perteneciera de