37. El que siempre ha estado presente
Elara y Badru giran con soltura en el centro del salón. El ritmo tribal del piano ha cedido a una melodía más armoniosa, pero sigue latiendo con firmeza. El compás es constante, seguro, como el brazo de Badru rodeándole la espalda. Sus dedos no aprietan, pero exigen. Su guía no impone, pero no deja espacio a la duda. Y Elara empieza a entender.
Lo siente en los cambios sutiles de presión sobre su palma, en la forma en que mueve la mano apenas unos milímetros antes de cada giro. Como si pudiera