35. Noche de práctica
El aroma a especias, frutas asadas y panes recién horneados inunda el comedor principal. Los sirvientes van y vienen como un ejército silencioso, colocando fuentes humeantes, jarras relucientes y platos decorados como si cada uno fuese una obra de arte comestible. La mesa, larga y de madera oscura, vibra bajo la riqueza del banquete: carnes doradas, guisos espesos, ensaladas que parecen jardines, panes trenzados, salsas que chispean de color. Todo es exceso, todo es elegancia.
Elara está senta