36. Cuando el pasado baila, el presente arde
Con el cambio de melodía deslizándose por el salón, Matías da un paso hacia adelante y toma a Elara en brazos. Su mano se acomoda en la curva de su cintura con una delicadeza casi reverencial, provocándole un estremecimiento que le sube por la espalda. La otra mano se enlaza con la de ella, firme pero suave, mientras él entorna los ojos y le regala una sonrisa cargada de ternura, como si en ese gesto cupiera todo lo que no se ha dicho.
El corazón de Elara se acelera, no por el movimiento, sino