El mensaje de Jesús llega como un disparo en pleno día:
"Mi oficina. Ahora."
Tres palabras que hacen que el café de la mañana se me revuelva en el estómago. Me ajusto el blazer como si fuera una armadura y camino hacia su despacho, cada paso resonando como un tambor en mis oídos.
La puerta está entreabierta cuando llego. Entro, pero me aseguro de dejarla abierta a mis espaldas, un escudo de transparencia contra lo que pueda pasar aquí dentro.
Jesús levanta la vista desde sus papeles, sus