Placer desenfrenado y salvaje fue exactamente lo que viví anoche en esa suite imperial. Es la primera vez en toda mi existencia que me siento poseído por un deseo tan voraz y obsesivo por volver a estar encerrado con la misma mujer.
El solo hecho de pensar en tenerla de nuevo bajo mis sábanas, desarmada y entregada a la lujuria, hace que se me haga agua la boca y que un calor denso me recorra las venas. Quiero volver a disfrutar centímetro a centímetro del sabor dulce de su cuerpo acaramelado