Punto de vista de Damián
Una hora después, irrumpí en el resort.
Serafina estaba en la cama leyendo. Cuando me vio, su rostro se llenó de pánico.
—¿Damián? ¿Qué haces…?
—La Luna de Sangre. —La Interrumpí. —Hace cinco años.
Su cara se puso blanca como la nieve.
—¿De qué… de qué estás hablando?
—¿Quién. Me. Salvó? —Escupí cada palabra.
—Fui yo, por supuesto… —Su voz tembló.
—¡Mentira! —Rugí. —¡Vi el cristal de memoria!
El libro de Serafina cayó al suelo.
—Yo… yo también ayudé… —Balbuceó. —Te salva