Punto de vista de Isla
—Es demasiado tarde. —Dije, mirando hacia abajo a Damián, que seguía de pie frente a mí como un suplicante.
—Durante cinco años, nunca me amaste de verdad. —Continué, enumerando sus pecados uno por uno. —Jamás me trajiste una piedra lunar, el gesto más simple de afecto entre compañeros, y lo consideraste una formalidad innecesaria.
—Mi pasión, mi don… lo despreciaste como un pasatiempo sin sentido.
—Tomaste el rito más sagrado de nuestra especie, un vínculo bendecido por l