Mundo ficciónIniciar sesiónRicardo me había prometido que, en el gran banquete de la noche en que se fundara la manada, anunciaría frente a todos los miembros de la manada nuestro matrimonio de ocho años. Sin embargo, ese día, su amor de la infancia, Liliana, ocupó mi lugar, sentándose en el puesto de Luna a su lado. —Dicen que el Alfa tiene una compañera con quien lleva casado ocho años, ¿no será acaso la señorita que está a su lado? —preguntaron los guerreros con causalidad. Ricardo sonrió, sin contradecirlos, como si estuviera dando por válido lo que decían. Quise pedirle una explicación, pero lo escuché decir: —Aunque me ayudaste a conseguir la posición de alfa, tu origen es demasiado humilde, no se compara con la noble cuna de Liliana. Como mi compañera, debes ser más comprensiva. No discutí. Me di la vuelta de manera decidida y me fui de la manada que una vez construimos juntos. Después, fundé mi propia manada y expandí mi territorio hasta convertirlo en el más grande de toda la federación. En la ceremonia, donde el Rey Alfa me otorgó una medalla de honor, Ricardo se paró entre la multitud y le dijo orgullosamente a los que estaban cerca: —Ella es mi esposa. Fingí no verlo, pero él se puso tan ansioso que se le enrojecieron los ojos.
Leer másRicardo detuvo mi carruaje y me habló con tono suplicante.—Talia, ¿puedo hablar contigo?Me bajé del carruaje y miré al hombre que una vez me había causado tanto dolor. En la ceremonia, no lo había observado con cuidado, solo noté su vestimenta harapienta, pero ahora que lo veía bien, hasta parecía que había envejecido mucho, ya no tenía nada de su antigua belleza.—Di lo que tengas que decir rápido que estoy muy ocupada.Mi respuesta hizo que mostrara una expresión herida, pero rápidamente la cambió a una mirada tierna.—Acabo de ver tu ceremonia, felicidades, ahora realmente eres radiante y encantadora.—Si solo son cortesías, no hace falta que las digas. Estoy muy ocupada, me voy.—¡Espera! —extendió la mano para detenerme cuando quería subir al carruaje, luego juntó las manos y me habló con humildad— Talia, nosotros, ¿podemos empezar de nuevo? Eché a Liliana, esa mujer no se compara contigo para nada. Ahora me doy cuenta de lo terriblemente equivocado que estaba antes, por favor,
Pero solo me reí y no le di más vueltas al asunto, después de todo, tenía muchas cosas que hacer.Pasó otro año y, bajo mi liderazgo, gradualmente reconquistamos varios países pequeños que intentaban invadirnos y llegamos a acuerdos con algunos países con los que podíamos convivir en paz.Sin darnos cuenta, la manada Silvana se había convertido en la manada más grande, próspera y pacífica de toda la Federación Lunaargentina.Para reconocer mis logros, el Rey Alfa organizó una gran ceremonia en el palacio, otorgándome méritos de honor y estatus noble.Parada en el estrado principal, mi estado de ánimo estaba lejos de la calma que mostraba en la superficie.Ya no era más una renegada a merced de otros, sin hogar fijo, ya no era más la "Sombra" enmascarada y sin nombre.Yo era Talia Luna I, la primera alfa femenina en la historia de la Federación Lunaargentina.¡Creo que recordaré este día para siempre!Solo que, cuando escoltaba el carruaje del Rey Alfa, en la siguiente parte de la cerem
La manada Silvana enfrentaba los mismos problemas que la original manada Lupusumbra.Por estar ubicada en la frontera de la Federación Lunaargentina, los alrededores sufrían ataques esporádicos de renegados e invasiones de algunos países pequeños.Esta era justamente nuestra especialidad.Pasamos varios meses negociando constantemente con los líderes. A los renegados dispuestos a rendirse, siempre que no hubieran hecho nada malo, los recibíamos con los brazos abiertos.Con los países pequeños que querían invadirnos, tratábamos de negociar y llegar a acuerdos de cooperación. Cuando no se podía cooperar, tomábamos la iniciativa y peleábamos con todo.Bajo nuestro liderazgo, la vida de los miembros de la manada Silvana se volvió más pacífica que nunca, y las sonrisas en sus caras se multiplicaron.Durante este tiempo, aunque no intentamos enterarnos deliberadamente, al estar en el mismo país, escuchamos algunas noticias sobre la manada Lupusumbra.Decían que Ricardo y los demás no pudiero
Alicia y yo nos miramos, encogiéndonos de hombros con resignación.Nos amarramos bien el equipaje al cuerpo, estiramos los músculos, buscamos el punto adecuado y nos preparamos para saltar.Ricardo se alarmó.—Esperen, ¿están locos? ¡La muralla tiene más de diez metros! ¿Van a saltar así nomás?Lo miré con desprecio.—¿No pensarás que a los miembros de nuestro escuadrón nos va a detener una muralla de apenas diez metros?Decidimos saltar hacia el árbol junto a la muralla, y de ahí nos deslizaríamos hacia abajo.Alicia y yo habíamos pasado por tantas batallas juntas. Una vez, rodeados por enemigos, tuvimos que saltar desde montañas nevadas de cientos de metros, cayendo de cabeza en montones de nieve, y solo nos hicimos heridas superficiales.Esta altura era pan comido.Pronto todo el escuadrón estaba abajo, solo quedaba yo. Me cargué el equipaje y me preparé para bajar, pero Ricardo me detuvo.—Talia, espera, lo pensé mejor, antes tuve mala actitud. Cuando regrese, haré pública nuestra
Último capítulo