Punto de vista de Isla
El tiempo pareció detenerse.
El destello de la plata.
El gruñido del atacante.
Y luego, un borrón de movimiento. Un aroma que conocía mejor que el mío propio.
—¡Isla! —La palabra fue una súplica desesperada cuando el cuerpo de Damián se lanzó contra el mío, cubriéndome.
La hoja maldita de plata, impregnada con acónito, se hundió profundamente en su pecho con un sonido repulsivo.
—¡No!
Se desplomó en mis brazos, la sangre empapando al instante su camisa blanca.
El venen