104.
KAYNE
Abro los ojos con pesadez, como si nada en mi cuerpo, fuera mío ahora. Siento que recibí las peores de mis palizas, como en esos días que vivía siendo un exiliado en las tierras más frías y mortales del Reino.
No sé en dónde estoy, que ha sucedido, cuántas horas estuve dormido. Todo lo que puedo ver es un techo viejo de madera y muchas hierbas colgadas de él.
—Kayne, por fin despertaste.
—Tia…— la voz me salió gruesa, rasposa, tratando de levantarme a pesar del dolor, — Aurora, ¿dónde est