AURORA
Mis manos sujetaron su cabello, apretando con fuerza, escuchando su gemido ronco mientras comenzaba a moverme sobre él.
Fue un movimiento lento, deliberado, hecho para provocar a pesar de que yo misma sufría por las represalias del orgasmo que apenas había tenido tiempo de pasar.
El agua se desborda de la tina con cada empuje, salpicando las baldosas que reflejan los nudillos blancos de Kayne por apretar tan fuerte el borde.
Me acerco a su boca dejando que nuestro aliente se mezcle, que