El restaurante elegido para la reunión era de esos lugares donde todo parecía calculado al milímetro: la luz suave, las mesas con mantel marfil, los cubiertos brillantes perfectamente alineados. Estaba ubicado en una terraza acristalada con vista a la ciudad, y el ambiente olía a vino caro, a madera pulida y a conversaciones contenidas.
Marcos e Isabella llegaron a tiempo. Él vestía su impecable traje azul medianoche; ella, aún más serena que de costumbre, caminaba con elegancia a su lado. Ambo